martes, 21 de marzo de 2017

Con diez cañones por banda...

Los Leones hoy han hecho una actividad genial. Aprovechando que hoy es el día mundial de la poesía y que están trabajando los transportes... Han elegido "La canción del pirata" de José de Espronceda para trabajarla.


Así han comenzado,
 por pintar al bravo pirata...
El Temido, era llamado.
Y cómo no, han dibujado Asia, Europa y Estambul,
con sus océanos, para que el pirata navegue por el mar azul.
Mirad que aguas han hecho,  yo creo hay hasta marejadas.
¡Vaya Leonas tan saladas!
Y el viento que en la popa soplaba al bergantín,
así, así como hace Máximo, "El chiquitín".
Hablando de barcos, no podía faltar el velero, el galeón,
el tesoro, el protagonista de esta canción. 
Y una vez todos los actores terminados,
a colocarlos para ver como están representados.
Que el viento sople y resople, que llegue la tormenta,
que incluso con ella, a este navío no hay quien lo detenga.
Porque lo capitanea un valiente, atrevido y audaz pirata,
el rey de cualquier fragata.
Y  para terminar han colocado las aguas por donde el barco  navega,
para que veáis por donde se brega.
Ahora os toca a vosotros recitar un poema de José de Espronceda,
bueno, de este o de otro gran poeta.
Bravo Leones por esta gran actividad,
ha sido una gran elección llena de creatividad.

Para terminar aquí os dejamos el poema íntegro del gran José de Espronceda,
por si alguno de Leones al llegar a casa le interesa.

CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Stambul:
«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.»

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